Por Hans Heyer Molina
Seremi de Gobierno, Región del Maule
Septiembre tiene un significado especial para los chilenos. Es el mes en que nuestra bandera vuelve a ocupar un lugar protagonista, en que la cueca se escucha con más fuerza, en que las familias se reúnen en torno a una mesa y en que nuestras plazas, campos y ciudades se llenan de colores y expresiones que forman parte de nuestra identidad.
Pero septiembre es mucho más que una celebración. Es una oportunidad para reencontrarnos con nuestras raíces y valorar aquellas tradiciones que han pasado de generación en generación y que nos recuerdan quiénes somos. Es volver a los juegos típicos, a los sabores de nuestra cocina, a la música, al folclore, a nuestras costumbres campesinas y a esa manera tan nuestra de compartir con los demás.
En el Maule conocemos muy bien el valor de nuestras tradiciones. Somos una tierra profundamente ligada al campo, a la agricultura, a nuestras fiestas costumbristas, a los artesanos, a los folcloristas y a tantas mujeres y hombres que, con dedicación, mantienen vivas expresiones culturales que son parte fundamental de nuestra historia. Cada cueca que se baila, cada paya que se escucha y cada receta que se prepara es también una forma de conservar nuestra memoria.
Como Gobierno, tenemos también la responsabilidad de acompañar y fortalecer ese esfuerzo. Rescatar nuestras tradiciones, apoyar a quienes las mantienen vivas y generar espacios para que puedan ser compartidas por las nuevas generaciones es parte de la tarea de construir un país que valore su identidad y su patrimonio.
Porque las tradiciones no sobreviven solamente en los libros o en los museos; viven cuando las enseñamos a nuestros hijos, cuando nuestros abuelos comparten sus historias, cuando un niño aprende a bailar cueca, cuando una familia prepara una empanada siguiendo una receta que ha pasado por generaciones o cuando una comunidad se reúne para celebrar sus costumbres.
En tiempos en que vivimos grandes transformaciones y en que muchas veces estamos concentrados en lo urgente, septiembre nos invita a detenernos y recordar lo importante: nuestras familias, nuestros amigos, nuestros vecinos y el sentido de pertenencia a una comunidad y a un país que compartimos.
Rescatar nuestras tradiciones no significa vivir anclados en el pasado. Al contrario, significa conocer y valorar nuestras raíces para proyectarnos hacia el futuro con una identidad propia y con orgullo por lo que somos.
Que este septiembre sea entonces una invitación a celebrar, pero también a transmitir y recordar nuestros próceres de la patria y valorar lo que hicieron. A que nuestros niños y jóvenes conozcan nuestras tradiciones, a que nuestras comunidades sigan manteniendo vivas sus costumbres y a que cada generación pueda recibir ese patrimonio que nuestros padres y abuelos nos legaron.
Porque Chile se construye mirando hacia adelante, pero sin olvidar de dónde venimos.
Si bien aún tenemos desafíos como país. En este mes de la chilenidad, desde el Maule queremos celebrar nuestra historia, nuestras tradiciones y aquello que nos une. Que la bandera, la cueca, nuestras comidas, nuestros campos y nuestras costumbres nos recuerden que detrás de cada tradición hay una historia y, detrás de cada historia, hay generaciones de chilenos que han contribuido a construir nuestra identidad.
Que este septiembre nos encuentre orgullosos de nuestras raíces, agradecidos de nuestras tradiciones y felices de compartirlas con quienes más queremos.
¡Viva Chile y viva el Maule!











