Nicolás Maduro arribó este sábado a Estados Unidos bajo un estricto operativo de seguridad, escoltado por agentes de la Administración de Control de Drogas (DEA) y del Buró Federal de Investigaciones (FBI), tras ser trasladado desde Venezuela en un avión militar Boeing 757.
Maduro descendió esposado de la aeronave al aterrizar en el área metropolitana de Nueva York y, según informaron fuentes oficiales, será ingresado en una prisión federal de Brooklyn, donde permanecerá bajo custodia de las autoridades estadounidenses mientras avanza el proceso judicial en su contra.
Durante la jornada, el Departamento de Justicia de Estados Unidos hizo pública una “imputación sustitutiva”, en la que se reiteran los cargos que enfrenta el mandatario venezolano, entre ellos narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína a territorio estadounidense y delitos relacionados con el uso y tráfico de armas automáticas. Estas acusaciones se suman a causas previas que ya vinculaban a Maduro con redes internacionales de narcotráfico.
En paralelo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó que Washington asumirá de manera temporal la conducción del país caribeño hasta que se concrete un proceso de transición política, asegurando que su Administración impulsará inversiones en la industria petrolera venezolana como parte de un plan de estabilización económica.
Trump también aprovechó la instancia para enviar advertencias directas a otros gobernantes de la región, mencionando entre ellos al presidente de Colombia, Gustavo Petro, a quienes instó a tomar distancia de regímenes que —según afirmó— han contribuido a la inestabilidad, el narcotráfico y la corrupción en América Latina.
La llegada de Maduro a suelo estadounidense marca un hecho sin precedentes en la política regional y abre un nuevo escenario judicial y diplomático, con posibles repercusiones en las relaciones entre Estados Unidos, América Latina y los organismos internacionales.