El congresista y abogado José Jerí, de 38 años, asumió de manera inesperada la Presidencia interina del Perú, tras la destitución exprés de Dina Boluarte en el Congreso. Su ascenso al poder, en medio de la crisis política más prolongada del país en las últimas décadas, está marcado por acusaciones de corrupción y una denuncia por violación que fue archivada recientemente.
El líder conservador del Congreso, de perfil discreto hasta hace pocos meses, juró el cargo durante la madrugada del viernes, prometiendo encabezar un “gobierno de transición, empatía y reconciliación nacional”. En su primer discurso, aseguró asumir el mando “por todos los peruanos” y pidió disculpas “a la ciudadanía por la falta de interés de sus autoridades”, comprometiéndose a “comenzar a sentar las bases de un país reconciliado”.
Promesas de orden y reconciliación
Jerí reconoció que el Perú atraviesa una “crisis constante que parece no tener fin” y llamó a construir acuerdos mínimos entre las fuerzas políticas para recuperar la estabilidad. “El principal enemigo está afuera, en las calles, las bandas criminales y las organizaciones delictivas. A ellos debemos declararles la guerra”, afirmó el nuevo mandatario, prometiendo una lucha frontal contra la delincuencia.
Asimismo, se comprometió a garantizar la transparencia y neutralidad del proceso electoral que deberá celebrarse en abril de 2026, conforme a lo establecido en la Constitución. Su mandato interino se extenderá hasta julio de 2026, cuando deberá entregar el poder al próximo presidente electo.
Con su llegada, Jerí se convierte en el séptimo jefe de Estado del Perú desde 2016, tras Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra, Manuel Merino, Francisco Sagasti, Pedro Castillo y Dina Boluarte, evidenciando la fragilidad política que atraviesa el país.
Un político de bajo perfil y carrera acelerada
Miembro del partido derechista Somos Perú desde 2013, Jerí había intentado sin éxito ingresar a la Municipalidad de Lima antes de llegar al Congreso en 2021. Su acceso al Parlamento fue producto de la inhabilitación del expresidente Martín Vizcarra, de quien era suplente, tras haber recibido apenas 11.600 votos en las elecciones legislativas.
Durante su labor parlamentaria impulsó proyectos en materia de seguridad, empleo, economía, educación y salud, y fue elegido presidente del Congreso el 26 de julio de 2025, cuando aún pesaba sobre él una investigación por violación.
Fuera del ámbito político, Jerí se describe como “abogado y animalista” en sus redes sociales, donde mantiene una presencia constante. No está casado ni tiene hijos, y se declara católico practicante.
Cuestionamientos y denuncias pendientes
El nuevo mandatario enfrenta acusaciones por presunta corrupción, relacionadas con la aprobación de un proyecto en la región de Cajamarca mientras integraba la Comisión de Presupuesto.
El mayor cuestionamiento público, sin embargo, es la denuncia por violación sexual presentada en su contra en enero de 2025. Una mujer lo acusó de haberla agredido junto a otro hombre durante una reunión social el 29 de diciembre de 2024. El caso fue archivado en agosto por falta de pruebas, decisión que Jerí celebró como una “ratificación de su inocencia”.
Pese al cierre del caso, organizaciones civiles y de derechos humanos cuestionaron su llegada al poder. La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH) advirtió que “ningún funcionario con denuncias o cuestionamientos graves debería asumir la más alta representación del Estado”.
“La Presidencia de la República no puede recaer en José Jerí, presidente del Congreso, quien fue denunciado por violación. El Perú necesita liderazgos con integridad. No más impunidad desde el poder”, expresó la organización en un comunicado público.
Con la asunción de Jerí, el Perú vuelve a entrar en una etapa de incertidumbre política, donde la promesa de “reconciliación y estabilidad” convive con las sombras de acusaciones, desconfianza y una crisis institucional que no da tregua.

